Cajasol con problemas
La situación de Cajasol era crítica antes de echarse en brazos de Banca Cívica. A la práctica ausencia de generación de beneficios y la necesidad de ganar eficiencia operativa, se le unían un ratio de morosidad que subía muy por encima de la media del sector, una fuga de depósitos en los últimos tres meses y una caída de tamaño.
La entidad sevillana, que ha tenido que hacer esfuerzos adicionales para meter dinero en la hucha de las dotaciones para cubrir los morosos, no ha podido hacer frente a la guerra del pasivo para no entrar en pérdidas operativas y ha visto una fuga de fondos de 1.230 millones en los últimos tres meses. La defensa de los depósitos supone a corto plazo una caída de los márgenes que, en su caso, le hubiera llevado a números rojos.
A pesar de haber tenido que unirse a Banca Cívica y solicitar unos 1.000 millones de euros en ayudas públicas, la entidad sevillana tiene previsto gastar unos 300 millones en levantar un rascacielos de 178 metros de altura y con una superficie total de 1.500 metros cuadrados.
El funcionamiento actual de las Cajas tiene todas las ventajas para abordar con facilidad la operación: en primer lugar, porque ya son entidades cuya “propiedad” no recae en personas físicas o jurídicas y, por tanto, no pueden ser calificadas ni juzgadas como entidades privadas; en segundo lugar, porque tienen una implantación nacional con un extraordinario despliegue territorial mediante la suma de sus redes de oficinas que llega al último rincón, mucho más allá del ámbito que abarca cualquier banca privada; y con un tercero y, en mi parecer el más importante motivo: que la

